Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


Volver al Listado de autores
Las esquinas

Las esquinas son aladas
de plumaje de cemento y de greda
vigilantes en los bornes de las calles.
Son incluso divertidas
porque no se pueden ocultar
y se desdoblan casi nunca solitarias.
Las esquinas de que yo hablo
no son las de mis manos
y no tienen una flor entre los dedos.
Las esquinas son tediosas delatoras en la espera,
algunas son desnudas pudorosas.
No se sabe todavía de una sediciosa esquina
que acuse a una amante furtiva.
Las esquinas no son sólo aristas
o puntos de encuentro de dos muros.
Raramente cambian en el tiempo,
sólo cambian transeúntes.
Están siempre en su lugar
-donde nacen, entestadas-
aguardando las miradas de los hombres
que se encuentran.
Las esquinas permanecen invisibles,
aunque de todos modos son anécdotas
de las breves historias de seres irascibles.
Ellas observan pero callan,
no son sólo aristas y saben guardar silencio.
Las esquinas de que yo hablo
no son las de mi boca
y no tienen una flor entre los labios.
Las esquinas escuchan todo el día
los secretos de la gente
y tienen brazos tentaculados
que responden a nombres diferentes.
Tienen brazos que se desatan
para atenazar otras esquinas más allá
-en otros muros-
con otros muros alejados.
Son curiosas las esquinas,
donde van a retorcerse y a expirar
las tantas calles del recuerdo.
Las esquinas de que yo hablo
no son las de mi infancia
y no tienen una flor entre los tiempos.

Volver al Listado de autores
Mis ojos me observan

Mis ojos me observaban
penetrantes
trizados
hialinos
desde las platinadas aguas murmurantes
que me astillaban todo,
mientras contra el maderamen descascado
de la barca
insomne el mar bravío gesticulaba.
Las alas blancas del ave fugaz
-de dorso ceniciento-
estrellándose contra el silencio
y yo
-hombre al agua-
durmiendo en tu lecho de sábanas
de color carmesí
allá en lo profundo de tu alma.
Los peces de mi océano,
curiosos roedores de mirada suspicaz,
te fueron a buscar y te introdujeron
a mi nao lamida por las resacas y los vientos
y ahí estaban mis vítreos ojos observándome
y buscándote
y yo sin poder fijar mi humanidad,
reducido a inquietos fragmentos
buceando entre los líquenes arrastrados
desde los roqueríos
para apurar la travesía
cogerte en un descuido entre tus sábanas
y sumergirme en tí.

Volver al Listado de autores
Cotidianamente muero

Cotidianamente muero, pero mis muertes
son más negras y deleznables.
Yo las aplasto con el rabillo del ojo,
las espanto con el grito y la amenaza
Atado no huyo, aunque ¡cómo, Dios!
quisiera hacerlo.

Lluvia del alma sin el isócrono golpe
de la lágrima azotada contra el huello
sin vientos huracanados
sin miramientos
sólo minando y minando
en mi cuerpo.
Y cotidianamente muero.

Reptan en mi hoguera
las serpientes furiosas azolvadas
y
yo
cotidianamente muero.

El tiempo me reprime cauteloso,
pero mis muertes escapan hacia
la levedad del delirio incontenible.
Y
entonces
yo
cotidianamente muero.

Y mis muertes son más negras
y deleznables.

© Antonio Alvarez Bürger