Mondo Kronhela Literatura - República Argentina


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Parece

Parece que no tengo ya cristales en los ojos.
Parece que transito sin desplazarme en cuerpo,
ya vencido, ya huidizo, como niño regañado.

La pestilencia de los espíritus diminutos
me provoca repugnancia.
Sólo quiero la mordedura rápida de la víbora,
sólo quiero alejarme del retorno y no ver
máscaras ni osamentas caminando sin rumbo.

Parece que no tengo ya las manos
para blasfemar fuerte
ni una lengua sórdida ni pies ni aura.
Parece que no tengo ya cristales en los ojos.

Y sería tan hermoso acribillar a insultos
a una enana maldita o incrustarle espinas
venenosas en el rostro a un gobernante.
Qué placer lanzar un piano
a cualquiera calle sombrosa
y viajar dentro para oir la dulce melodía
del estrépito fatal.

Sin embargo, ya me canso.
Sólo quiero ser aire en el aire,
ser lirón empedernido, extenuado
de construir árboles y ríos inconfesables.
Sólo quiero piedras encajadas en los muros,
un lecho blando de agua tibia por los huesos,
un invierno renegado
y miles, miles de silencios.

Parece que no tengo ya cristales en los ojos.
Parece que escribo el canto y me lo guardo.
Parece que me da vueltas el mundo
en el estómago, sobre mi cabeza,
bajo mis pies, dentro y fuera de todo.

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Prepárame la ausencia

Prepárame la ausencia
para cuando me busque la muerte.
Yo, en tanto, me quedaré envuelto
de los espíritus traviesos.
Quiero ser el más regocijado
con el placer de lo que espero
y estar en el cenit
cuando el pájaro azul
bata las alas al aire y pronuncie
el hado de mi nombre.
Por ahora me saben a quebranto
el impasible gesto umbrío
del invierno y su llanto obstinado.
Así tenga que volver después
a escondidas a reconciliarme
con mis entrañables espantos,
prepárame tú la ausencia
para cuando me encuentre la muerte.

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¿Recuerdas?

Allá, el fuego, acunado fuertemente
por los vientos de la juventud plena:
de la tuya, de la mía.
¿Recuerdas?
Eran serpientes enloquecidas
emergiendo de la tierra
-con las entrañas abiertas-
vomitando luces diminutas,
despavoridas,
como estrellas.
Mi rostro era el tuyo
Tu rostro en el mío, arrebozado
-como en llamas-
jugueteando frente a mí.
Eran fantasmas desatados
que danzaban delirantes.
Yo me reproducía en tí, en tus ojos,
y dibujaba una sonrisa en tu mirada.
Mi rostro en el tuyo
Tu rostro era el mío.
¿Recuerdas?

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Ofrendártelo todo

Morir de pie descalzo tirado sobre la hierba
no doblegada por el huracán más iracundo.
Descanzar horizontalmente erguido.
En fin, correr dormido en línea entre tus sábanas
albas
en las noches más frías del invierno.
Arrancarte los cabellos de raíz y quemarlos
en una hoguera de rosas rojas perfumadas malolientes.
Ofrendártelo todo.

Imprimir velocidad metafísica a los sentidos
para odiarte y amarte siempre, como nadie, más allá,
más allá aún del vaho untuoso de la habitud.
Más lejos todavía de mis mayores fuerzas
infrahumanas y sobrehumanas.
Ofrendrártelo todo.
Todo es todo: vísceras, células, corazón, pulmones,
estómago, cerebro, huesos
mis miedos
mis utopías
mi cesta de reciclaje.

Por el azul del arcoiris ascender a lo más alto
vestido de nácar y descender oblícuo, aceleradamente,
para ofrendártelo todo.
Llorar con desconsuelo de alegría.
Reír sin mover un músculo.
Vivir de pie arrodillado blasfemando y orando,
glorificando y maldiciendo.
Ofrendártelo todo.
Todo es todo: serenidad, ira, complacencia, odio,
amor, pecado, paz, desconsuelo
tus miedos
tus utopías
tu cesta de reciclaje.

En los túneles arcanos de tu alma, gritarte enmudecido
hasta que la paloma blanca emprenda el vuelo
más abyecto.Delirar con cordura ejemplar
y devorarte los ojos en la noche más triste
de amor abatido y despiadado.
Ofrendártelo todo.
Todo es todo: imaginación, pesadilla, paradoja,
pensamiento, ilusión, demencia
nuestros miedos
nuestras utopías
nuestra cesta de reciclaje.

© Antonio Alvarez Bürger