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Una tarde de invierno, José descansaba en su diván aeróbico, mirando pasar el tiempo con sus ojos rasgados por la interminable seguidillas de pavadas que se presentaban en el canal 65304 de ciencia ficción oligárquica. Los destellos de luz de una escafandra estelar, hicieron que comenzara a recapacitar sobre el sentido de la vida. Su esclava, Saturnina, le traía en ese momento una sola copa de clavo de olor diluido en incienzo líquido con sabor a manzana. ¡Carajo!...esta mina podía haberme traido lo mismo...pero de otro color.....no me la banco. Dijo a través de su piróscafo intrauterino, colocado justamente entre su útero artificial y el lugar en que se producián las ideas. Saturnina, que de boluda no tenia ni una antena, rápidamente captó los pensamientos color verde que salian de la espalda a José. "Este viejo idiota me va a querer sacar el aguinaldo....." pensó, al tiempo que tapaba rápidamente con su quinta mano la sólida roca que se empezaba a desperezarse en una de sus tetas...."Los cirujanos son unos chantas....la próxima lipoaspiración me la voy a hacer yo misma....." se dijo, mientras diluía sobre la protuberancia un dedal de azafrán líquido......"Che José, tengo que volar hasta la sexta avenida..."le trasmitió a su amo por el cordel de la carancha......"Traeme la máscara de oler infortunios....hoy estoy para la mierda....." le largó José, sacándole la tarjeta virtual con la empanada chorreando..."Está bien viejo choto......"contestó la lacaya. Una segunda piedra, mas blandita, intentó corporizarse en la tercera teta contando a partir de la izquierda de Saturnina. En el exterior las pinceladas de la noche se estremecian con los circulos del mediodia que brillaban como diamantes sobre un paño negro. Que quilombo que hicieron...podían ponerse de acuerdo los trapecistas del infierno.....ahora voy a tener que dormir 5 nanosegundos y después despertarme......a Saturnina no le agradaba esta obligación. La sexta avenida quedaba a tres estadios de distancia, y cuando se durmiera, la cuarta piedra saldría a la superficie de su fina piel como una cañita voladora....estaba preocupada. José probó su trago....no le gustó...tiró la copa casi llena sobre la ambarina superficie del piso, mientras que los racimos de cabezas de monos culo rojo lo miraban deslumbrados...ni bién se diera vuelta saltarían sobre el líquido derramado y de un solo sorbo darían cuenta de él. "Ustedes no me jodan.....si llegan a bajar desde ahí....los reviento a patadas....". Los monos extrañados por la amenza rogaron que José se calmara, nunca lo habian visto así, siempre fue cariñoso con ellos....sobre todo después de la hora del coctel...cuanto más se dedicaban a pensar sobre el comportamiento de su amigo...mas se apenaban....no tardaron en llorar. "Si empiezan a llorar no les dejo la mamadera de ácido muríatico sobre la mesa de noche....se van a cagar....monos de mierda......". Esto fue demasiado para ellos, la catarata de llanto aumentó...una gelatina multicolor invadió los aires...se produjeron miles de reacciones químicas, crepúsculos verdes matizados con sangre de serpiente viuda se generaron en instantes......José levitó hasta la bóveda azul de sus celos....."Cuando termine con ustedes voy a empezar con las carótidas murgueras.......". "No...no...no....", gritaron los monos....."Si.....si....si......", afirmaba con malicia él. En un abrir y cerrar de ojos Saturnina aplacó el llanto de los animales, traía la máscara....José ganó su partida. "Tomá y no me jodas más...ponete la máscara....y dejá tranquilos a los monos", la esclava daba órdenes. "Sos una arpía....tu tercer vagina artificial te comió los sesos de vaca...eso te hacía bien...mirá como estás ahora...me das asco.....". Saturnina se largó a reir, no quería pensar, usando la voz de su octava boca lo agredió como ella sólo sabía hacerlo: "Viejo pelotudo, no sos capaz de cantar". José quedó estupefacto, en su caida recorrió tres dimensiones de cinco espacios cada una, no era posible que le dijeran justo eso, le habían herido en el proxis, ese aparato que no podía dejar de usar para sus abluciones en el día de las desgracias. La ira se apoderó de sus riñones, una maraña de spaguetis le atenazaron los brazos, pequeñas explosiones neutrónicas controladas le salían de los dedos..."Puta mal diseñada...", le gritó...."porque no sacás tus conciencias.......", Saturnina se estremeció, pero su sentido de la humildad pudo más y desperezándose largó hacia la superficie una de sus conciencias, que asustada como un perro cuando el amo le pega con la vara de la justicia, escapó hacia la cocina de los matreros, para quedarse ahí hasta que al tipo se le pasara la bronca......"La otra.....quiero la otra......", le exigía José al asestarle un mordisco sobre los dedos de los cinco pies que aún le quedaban a la sirvienta...."Nunca....nunca vas a tenerla....esa la regalé al Juzgado de Pringosos....Nunca la vas a tener......". La ira de José se transformó en furia incontenible, en ese instante tomó de la lata de aceite SAE 40 una minúscula gota con el dedo de acusar, hizo la reverencia al altísimo, que miraba con indolencia la escena, movió la mano ritmicamente, agachó el lomo, se tiró un par de pedos azules y comenzó a rezar. Saturnina se quedó quieta, no le daba mucha pelota al patético hombre, pero por las dudas movía el ojo de su nuca para no quedar atrapada en la ceremonia....."Esta piedra se calmó....ni bien salga la convenzo.....y se me acaban los problemas....", meditó. Los monos empezaron a cantar Let it be, a coro con las cigarras, grillos y camaleones, que a su vez tocaban violines. A esta altura todos eran parte de la tragedia. Cuando José se diluyó sobre el cortinado de caracoles, apareció el arcoiris de piedras preciosas, en ese instante Saturnina entendió que había estado mal, pero no se arrepintió, sus capacidades habián sido desbordadas por la intemperancia de su dueño, esta vez no lo perdonaría. "Así me tratás malasombra...ya no te importa un rabanito mi vida....sos una desagradecida.....no te importa ya que sufra...me llevas hasta el limbo...me caigo y me levanto....este plenilunio me haré sobar el plexo por Gardunia...y vos te vas a ir de mi existencia...primero pasá a cobrar el aguinaldo......", gritó José al borde de un colapso. "Viejo podrido.....nunca me tuviste en cuenta.....es la ultima vez que me compadezco de vos......ni bien necesites de la alabanza matriarcal te vas a acordar de mi......me voy....". Saturnina estaba decidida. En ése momento hizo su aparición la algarabia danzante, que tomó desprevenidos a los actores, el áspero cinturón de acero molibdeno los ató a la corriente del fluido cósmico que pasaba por los subsuelos de la ciudad.....era la catástrofe.....todo lo que se enganchara en el tren de Manuel sería trasladado y dispersado en infinitos componentes moleculares ionizados. Saturnina y José se miraron a través del espejo, los rostros desencajados de ambos fulguraban con los polvos fosforescentes que ella exalaba de todos sus labios. Ahí mismo ellos entendieron al unísono la calentura de José. El amaba a su esclava. |
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Alberto Parra
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