El secreto

Cualquier persona que se siente en uno de los bancos de la Plaza Principal de Finnmarken, no dará crédito a sus ojos si mira fijamente las torres de la Iglesia.

Allí existen dos relojes, uno mide el tiempo tomando como punto de partida la fundación de la ciudad, el otro, descuenta, teniendo como referencia el instante en que se producirá el apocalipsis.

Los relojes funcionan sin ningún tipo de mecanismos, tienen cada uno cinco agujas que contabilizan desde los minutos hasta los siglos. Nadie puede contestar como es que han sido puestos en ése lugar, y mucho menos quien construyó el templo.

La localidad no está incluida en ningún itinerario turístico, tampoco se la puede encontrar en los mapas de carreteras, sólo puede ser ubicada en cartas que imprime un ente oficial del país, cada 100 años.

Hacia el Oeste, se levantan las grandes chimeneas que permanentemente expulsan hollin hacia el cielo limpio, de ellas y de las barracas adyacentes, ningún habitante da cuenta.

Finnmarken tiene una fauna compuesta por perros mastines, pulgas, cucarachas y ratas, no hay pájaros. Las flores silvestres se marchitan en poco tiempo, las cenizas les roban el sol.

Nacer en Finnmarken significa conocer con certeza el día desde que la ciudad existe y el último. Los hombres y mujeres de aquí nunca revelan estas fechas a ningún forastero. Si yo me he enterado de este extraordinario hecho fué de casualidad, no diré aquí la manera como ha sucedido, lo que si contaré es que poseer el secreto me ha convertido en un habitante más.

La gente de esta ciudad son conocidos en otros lugares por la letra omega que llevan tatuada en la frente, es el símbolo que indica el conocimiento del secreto, es por esta razón que a partir de hoy la llevo en mi frente.

Rara vez los niños sonrien, tampoco lloran, se los ve concentrados escrutando el horizonte fuera del cerco que rodea la ciudad, o caminando con la cabeza gacha por las calles.

Hoy por la noche comenzarán los festejos del Día de la Gracia, se juntarán algunos mayores con sus hijos frente a la Iglesia, esperarán las campanadas de los relojes y cuando al unísono den las doce, comenzarán a rezar durante una hora, arrodillados sobre pequeñas piedras. Elevarán una plegaria.

"Una hora más, una hora menos, el final y el principio. Faraones y reyes, príncipes y nobles, clérigos y santos, caballeros e impios, todos vosotros lo sabeis, nosotros tambien, roguemos juntos por la vida, no esperemos más del cielo, velemos por los hombres y su destino manifiesto, han pasado por el mundo, una sola vez, dejadlos que sigan su camino. Hoy es el día."

Cuando terminen la oración caminarán hasta el borde de la ciudad y entrarán a las barracas. Las chimeneas seguirán humeando.

Tendré que aguardar el próximo Dia de la Gracia.


Chorra
(Soneto Tanguero)

¿Porqué si te habia dado lo mejor?
Tenías que rajarte así,
me hubieras avisado.
Sin teca no garpo el bulin.
¿Quien se hace cargo de la ropa sucia?
¿Qué vas a hacer con mi funyi?
¿Para que querés mi bragueta?
¿Y el pañuelito blanco?
Nada me dejaste,
¡Chorra!
El gorrión se murió de sed.
El farolito se mojó, ya no prende.
Ni la soga me quedó.
Te afanaste los colores.
Marcaste el colchón con tu pintura.
Sacaste la mano cuando me iba en banda.
¡Chorra!
Si alguna vez te encuentro,
si alguna vez te veo,
si alguna vez me ves,
ahí te vas a dar cuenta.
Nada de lo que chorreaste.
nada de lo que no me dejaste,
te va a hacer falta,
Porque lo que vos necesitás,
lo que vos deseás es a mí.
Me tendrías que haber robado,
y no te avivaste.

 

© Alberto Parra
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