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 Del
amor y la muerte
Por
la ventana de la cocina se filtra la luz arrolladora hasta
el fondo del recinto, hasta el fondo del alma.
Hay
siete moscas malditas, siete granos en el corazón, en
el corazón de fuego que ya empieza a calentar la mañana.
En
el corazón rusiente de ideas y proyectos que
amenazan el descanso.
Dame
el hielo benefactor de tu amor que
quiero controlar el ansia y el recuerdo que
quiero honrar el ocio y
apagar los motores de mi mente.
Que
quiero dedicarte el tiempo que
tu alma y tu cuerpo se merecen.
Y
quiero hablar de trucos de la vida y la muerte. De
la vida, cómo alargarla con amor, gozo y
un poco de suerte.
De
la muerte, cómo engañarla uniendo tu ingenio y el mío, cuidando,
un poco, la salud, mostrando,
a la maldita, que nuestro empeño de vivir es
aún más fuerte.
Y
cuando, con ayuda del tiempo, nos derrote será
falsa victoria... tu
ternura quedará flotando en el ambiente buscando
la mía y
se encontrarán continuamente en
la memoria leal de nuestra simiente.
 Querencia
En
deseo, en empeño en
voluntad de quererte te tengo y
sin apenas esfuerzo te adoro.
Por
tus manos, por tus ojos por
tu buen hacer y libre pensar por
tu alma y tu calma al
pasar junto a mí cada día sin
desmayar.
No
quise y no quiero. No
quise perderte y no lo quiero. No
quise atarte a mí y no lo quiero. No
quise que fueses sumisa y no lo quiero Comprendí
que solo podría ganarte y en eso me afano cada
día, cada noche en
cada esquina de tu cuerpo en
cada impulso de mi alma en
cada temblor de tus senos y
con mis ojos… reventados
de asombro.
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