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 La
piraña
Adormecidos
o atontados por el halago, los
sobresalidos, bajan su barrera y la dejan entrar.
Aún
así con el picor de un mal sabor de boca es
más cómodo ir con la corriente
y
se quedan mirando hacia arriba con la mente en blanco en
navegación automática. Sintiendo como
la piraña se les sube al cuerpo... al
cuello y empieza a ahorcarlos,
poco
a poco, sin que se den por enterrados. Pero
la piraña con toda la fuerza de la burguesía y
de una sociedad distante en la corriente sigue
abarcando y marcando territorio.
 Cordura
Me
hablas hasta en sueños,
pero
yo ya estoy dormida.
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